Oraciones Catolicas
"Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros." - Mateo 5:11-12
La alabanza de la novia por la Virgen, que contiene una alegoría sobre el templo de Salomón y la inexplicable verdad de la unidad de las naturalezas divina y humana, y sobre cómo los templos de los sacerdotes están pintados con vanidad.
Libro 3 - Capítulo 29
Las Revelaciones de Santa Brígida de Suecia
“Bendita Tú eres, María, Madre de Dios. Tú eres el templo de Salomón cuyos muros fueron de oro, cuyo tejado centelleó brillantemente, cuyo suelo estaba pavimentado con gemas preciosas, cuya ornamentación total era refulgente, cuyo interior todo era fragante y deleitoso de contemplar. En toda manera Tú eres como el templo de Salomón donde el verdadero Salomón caminó y se sentó y donde colocó el arca de gloria y la lámpara brillante. Tú, Virgen bendita, eres el templo de ese Salomón que hizo la paz entre Dios y el hombre, que reconcilió a los pecadores, que dio vida a los muertos y liberó a los pobres de su opresor. Tu cuerpo y alma se convirtieron en el templo de Dios. Fueron un tejado para el amor de Dios, bajo el cual vivió el Hijo de Dios contigo en alegría tras haber procedido del Padre.
El suelo del templo era tu vida dispuesta en la cuidadosa práctica de las virtudes. Ningún privilegio te faltaba, pero todo lo que Tú tenías era estable, humilde, devoto y perfecto. Los muros del templo eran firmes, porque no te inquietaba ninguna vergüenza, no estabas orgullosa acerca de ninguno de tus privilegios, ninguna impaciencia te molestó, no tenías ningún otro propósito más que la gloria y el amor de Dios. Las pinturas de tu templo fueron las constantes inspiraciones del Espíritu Santo que elevaron tu alma tan alto que no hay virtud en ninguna otra criatura que esté más completa y perfectamente que en Ti. Dios caminó en este templo cuando vertió su dulce presencia en tus miembros. Descanso en Ti cuando las naturalezas divina y la humana se unieron.
¡Bendita eres Tú, Virgen más bendita! En ti Dios todopoderoso se hizo un pequeño niño, el Señor más anciano se convirtió en un diminuto infante, Dios, el eterno e invisible Creador, se hizo una criatura visible. Te suplico, por tanto, pues eres la más amable y poderosa Señora, ¡que me mires y tengas misericordia de mí! Ciertamente Tú eres la Madre de Salomón, pero no de aquél que era Hijo de David sino de aquél que es el Padre de David y el Señor de aquel Salomón que construyó el maravilloso templo que verdaderamente te prefiguró. Un Hijo escuchará a su Madre, especialmente a una Madre tan grandiosa como Tú. Tu hijo Salomón estuvo una vez, por decirlo así, dormido en Ti.
Ruégale, pues, que permanezca despierto y me vigile para que ningún placer pecaminoso pueda punzarme, para que la contrición de mis pecados pueda ser duradera, para que pueda morir al amor del mundo, paciente en perseverancia, fructífera en penitencia. No hay virtud en mí pero sí la hay en esta oración: '¡Ten misericordia, María!' Mi templo es completamente lo opuesto al tuyo. Está oscuro con vicio, lodoso de lujuria, arruinado por los gusanos del deseo, inestable debido al orgullo, a punto de caer a causa de la vanidad mundana.”
La Madre respondió: “Bendito sea Dios que ha inspirado tu corazón a ofrecerme este saludo a Mí para que puedas entender cuánta bondad y dulzura hay en Dios. Pero, ¿por qué me comparas a Salomón y al templo de Salomón, cuando Yo soy la Madre de aquel cuyo linaje no tiene principio ni fin, de quien se dice que no tiene padre ni madre, es decir, de Melquisedec? Se dice que ha sido un sacerdote y es a un sacerdote que el templo de Dios se encomienda, por ello es que Yo soy Virgen y Madre del sumo sacerdote. Y sin embargo, te digo que soy tanto la Madre del rey Salomón como la Madre del sacerdote pacificador, porque el Hijo de Dios, que es también mi Hijo, es tanto sacerdote como Rey de reyes.
En verdad fue en mi templo en donde se vistió a sí mismo espiritualmente con la vestimenta sacerdotal con la que ofreció un sacrificio al mundo. En la ciudad real fue coronado con una corona real pero cruel. Fuera de la ciudad, como un poderoso guerrero, cuidó el campo y mantuvo apartada la guerra. Mi aflicción es que este mismo Hijo Mío es ahora olvidado y despreciado por sacerdotes y reyes. Los reyes se enorgullecen en sí mismos de sus palacios, sus ejércitos, sus éxitos y honores mundanos. Los sacerdotes se crecen en orgullo por los bienes y posesiones que pertenecen a las almas. Dijiste que el templo estaba pintado de oro. Pero los templos de los sacerdotes están pintado de vanidad y curiosidad mundanas, pues la simonía gobierna en los niveles más altos. Ha sido arrebatada el arca de la alianza, extinguida la lámpara de la virtudes, abandonada la mesa de devoción.”
La novia respondió: “¡Oh, Madre de misericordia, ten misericordia de ellos y reza por ellos!” La Madre le dijo: “Desde el principio Dios amó tanto a sus hijos que no sólo son escuchados cuando rezan por sí mismos, sino que otros también experimentan los efectos de sus oraciones gracias a ellos. Son necesarias dos cosas para que las oraciones por los demás sean escuchadas, a saber, la intención de abandonar el pecado y la intención de avanzar en virtud. Mis oraciones beneficiarán a cualquiera que tenga estas dos intenciones.”
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Las Revelaciones de Santa Brígida de Suecia

















